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75 años del Real Zaragoza

I CRÓNICA: NUNCA DIGAS ADIÓS A LA CHAMPIONS

I CRÓNICA: NUNCA DIGAS ADIÓS A LA CHAMPIONS

I CRÓNICA. ZARAGOZA-RACING (PASIÓN SIN GOLES)

 

El Real Zaragoza y el Racing de Santander han empatado a un gol. El primer tiempo fue más bien anodino: el Santander pareció llevar la batuta, empujar con más intensidad, y el Zaragoza no acababa de combinar. Era incapaz de trenzar jugadas. El rostro de Víctor Fernández (por cierto, el entrenador parece ir todos los sábados al peluquero) mostraba toda su desolación: los blanquillos no controlaban el juego. Andaban erráticos, sin brújula, faltos de profundidad. Y el Racing, como siempre este año, se escudaba en la sobriedad de su arquero Toño, la solidez de Garay, el trabajo de juvenil indesmayable y prometedor de Munitis y el peligro de Zigic. Una llegada de Diogo, que envió demasiado alta una vaselina, fue el mayor peligro. 

En la segunda parte, Víctor ordenó un cambio: Celades, que había pasado inadvertido, dejó su sitio a Lafita. El míster quería más velocidad y un desarrollo más vertical. Había que ganar con la mejor cara del equipo: el juego de fantasía. Zapater se quedaba solo en la zona ancha: sería el medio centro de contención y de despliegue. Aimar dispondría de más llegada por el centro, y D’Alessandro debía hacer lo que mejor sabe: penetrar, acompañar a Juanfran, perfilar los desmarques de Milito y centrar con esa rosca endemoniada. La segunda parte fue muy diferente: el Real Zaragoza jugó mucho mejor, dominó de principio a fin, prácticamente, y generó muchas ocasiones por tierra, aire y mar. Aimar dispusó de tres ocasiones nítidas y Ewerthon y Sergio García. El empate no hace justicia a los méritos del Real Zaragoza. D’Alessandro estuvo soberbio en sus centros, cuando el argentino se engancha al juego su pierna es como un imán, y Aimar, metido en un partido que se libró a la desesperada, habría necesitado quince minutos más.  

El Valencia, que no falló anteayer en A Coruña, se escapa a cuatro puntos. Y espera con calma el próximo fin de semana, con David Silva convertido en el jugador joven más  valioso de la Liga probablemente. La Champions está algo más cara. Pero hay que seguir y aspirar a ella. Es necesario tener la ambición de estar muy arriba. Luego, la realidad (o la falta de juego o la ausencia de un poco de suerte, como hoy), ya nos colocarán en la UEFA. Por ahora, éste debe ser un equipo que mire al torneo más importante de Europa. Hay que aprovechar todas las oportunidades. Cada balón es un milagro, un regalo y una ocasión para cautivar a tanta gente que siente el equipo con locura. Y lo expresa a gritos y con una exclamación de entusiasmo y de decepción: un prolongado e inacabable: Ooooooooooh! Oooooooooooh!

Un domingo
como éste es un poco más amargo. Parece tener menos horas de sol.

 

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