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75 años del Real Zaragoza

ENTREVISTA CON ÁNGEL AZNAR*

ENTREVISTA CON ÁNGEL AZNAR*

El despacho de Ángel Aznar Paniagua está dedicado al fútbol casi por completo. Una inmensa foto recuerda la noche mágica de 1986 en la que el Real Zaragoza, tras veinte años de sequía de títulos, tumbaba al Barcelona en la Copa del Rey: Aznar, presidente del club entonces, sonríe con los monarcas. En las estanterías hay manuales y reglamentos de fútbol, periódicos encuadernados, historias de equipos de toda España y de Aragón, desde una monografía sobre el Tarazona hasta los tres tomos ilustrados del fútbol vaso, pongamos por caso, y esos objetos minúsculos que adornan la afición por un equipo: insignias, escudos, balones, miniaturas del alma del forofo. Ángel Aznar conserva los primeros libros que se han escrito sobre el Real Zaragoza, por ejemplo el de Miguel Gay, y cartas de fundación. Pero su mayor tesoro, dice, “mi especialidad, es el inmenso archivo de 20.000 fotos digitales”. Abre su ordenador McIntosh y muestra ese inmenso árbol de documentos de toda índole: fotos de equipos y jugadas, retratos de estudios de los jugadores, caricaturas de Sanz Lafita, Lalinde o Nilo, carnés, tomas de fechas importantes. Ahí está la leyenda del Real Zaragoza a través de las instantáneas de Gerardo Sancho, Marín Chivite, Luis Mompel, García Luna, Calvo Pedrós y tantos otros. Y todo tiene ese viraje sepia que le ha dado el tiempo amarillo a los días que han pasado.        
Ángel Aznar sitúa el cursor sobre una de esas carpetas, que huelen a gesta antigua, a evocación de un ayer que se ha tornado glorioso en los meandros de la memoria, y recuerda que está escribiendo una historia de 300 páginas sobre el fútbol aragonés, desde los orígenes hasta hoy. Él, entre otros libros y proyectos en los que ha colaborado de modo muy directo, es autor de “El largo camino hasta la Recopa. Historia y anécdota del Real Zaragoza” (Edición del autor, 1995). Pasa las páginas ya maquetadas y señala que el fútbol llegó a Zaragoza en 1885, que la primera noticia aparecida en prensa se remonta a 1903, y que los primeros balones se vendían en el establecimiento de Francisco Grasa, La bola dorada. Dice que el primer campo de juego, más allá de las calles, fue el de Salesianos, donde “hasta Luis Buñuel hizo sus pinitos de futbolista”. Ángel Aznar (Zaragoza, 1947) informa: “He invertido en este archivo más de diez años. Se dice pronto. He hablado con coleccionistas, he visitado los archivos fotográficos, y he querido que fuese un archivo digital porque siempre he devuelto todos los materiales a sus dueños”. Al fin y al cabo, sugiere, se trata de un material sensible. Son los papeles de la emoción.
 

-¿De dónde le viene tanta pasión por el fútbol?
-Desde niño. Nací en la calle Alonso V, en las Tenerías, y siempre me recuerdo jugando. Más tarde, mi padre compró una casa en la Ciudad Jardín, y en las plazas hacíamos nuestros juegos infantiles. Por entonces, apareció la familia Royo, que eran cantadores de jota, artistas, y allí coincidí con Ángel Royo, que sería lateral izquierdo del Real Zaragoza. Y también estaba Antonio Royo, que jugaba en el Arenas y me pareció el mejor futbolista que yo he visto en toda mi vida. Murió joven, y quizá tienda a idealizarlo, pero me parecía fantástico. Y por allí también andaban los Chopos y los Pinillas. Así empecé a soñar con el fútbol. 

-¿Y luego?
-Llegué a jugar. Pensaba en el fútbol el día completo. Era el pan de cada día. El sueño más constante. Llegué hasta los juveniles del Real Zaragoza, pero me mandaron a las filas del San Lamberto. A pesar, de ello todos los jueves entrenábamos en La Romareda. Nos llamaban y echábamos un partido. He jugado varias veces contra  “Los magníficos”. [Ángel acude a un álbum y muestra su rostro barbilampiño y su chándal sudado; al fondo, corretea Eleuterio Santos].    

-¿Y qué tal?
-Se veía su calidad, sus ganas de agradar, su sentido de la competitividad. Jugaban que daba gusto y en serio. Se divertían y querían ganar. No se te ocurriese hacerle un túnel a uno de ellos, que ya se armaba. Recuerdo que le hice uno a José Luis Violeta y retrocedió hecho una furia, como un caballo de carreras, ja, ja, ja. 

-¿Se terminó ahí su carrera hacia el estrellato?
-No, no. Pasé a un equipo de aquí, el San Antonio, y poco después, tendría yo alrededor de veinte años, me llamó el Real Madrid para que probase con ellos. Lo hice en dos ocasiones: entrené el cuatro de julio de 1968, y jugué un partido de aficionados contra el Carabanchel tres días después en un conjunto que tenía a Mariano García Remón de portero titular. Ganamos 6-0 y marqué un gol de falta. Yo jugaba de interior, y había marcado 35 goles en el San Antonio porque también tiraba las faltas. 

-¿Por qué no se quedó en el Real Madrid?
-Me puse a estudiar ingeniería. Era muy complicado irme allí. Es cierto que no llegamos a negociar nada, que no hablamos de dinero. Tampoco recibí llamada alguna más tarde. Mi padre me dijo que no podía pagar mi estancia en Madrid. Jugué luego en otros equipos, pasé a veteranos y finalmente me hice entrenador y llegué a dirigir, en Salesianos, a un joven llamado Víctor Muñoz. Fue el mejor jugador infantil que yo he visto nunca. Con catorce años ya era extraordinario. 

-El joven entrenador acabaría de presidente del Real Zaragoza.
-Todo se precipitó cuando se produjo una escisión en la Federación de Fútbol Sala. Entré yo de presidente, logré incorporar a 300 equipos y en apenas dos años esa actividad explotó y se consolidó en la ciudad. Más tarde, tras la dimisión de Armando Sisqués, llegué a la presidencia del Real Zaragoza. Contraté a Rubén Sosa, Pato Yáñez, que venía del Valladolid, y a Pepe Mejías, pongamos por caso. Mejías acaba de estar en Zaragoza, y apenas ha cambiado. Le encanta el flamenco y la guitarra. Siempre ha tenido una madurez especial. Recuerdo que cuando vino, lo fuimos a recoger al aeropuerto, comimos en el Gayarre y en los postres, saca una cajetilla de tabaco y me dice con total naturalidad: “¿Lleva fuego, presidente?”.  

-¿Cómo vivió el año y medio que fue presidente del Real Zaragoza?
-Con mucha intensidad. Yo soy de los que se entrega a tope o no es capaz de nada. Las medias tintas, el figurar por figurar, no van conmigo. Intento ser coherente con mi carácter y con mis impulsos. Lo cual a veces es una pequeña desgracia, porque ser moderado es lo más bonito que existe. En el Real Zaragoza pasé momentos inolvidables: ¿Sabe usted que Chomín, el utillero, era artista de teatro, actor cómico de zarzuela, me había tenido en brazos cuando yo era niño, y ahora trabajaba conmigo? 

-¿Qué reflexiones le merece su gestión?
-Tengo muy buenos recuerdos. Intentamos insuflar aire joven, contagiar ilusión. El club entonces andaba anquilosado y fatigado. Yo tenía 37 años y me pareció que era necesario abrir la puerta a otras gentes. Nos compenetrábamos con los futbolistas, iba con ellos en autobús a todos los sitios como un aficionado más. Fuimos cuartos en la Liga 1985-1986 y campeones de la Copa del Rey, ante el Barcelona. El equipo, 20 años después, volvía a lograr un título. Ya en la temporada anterior habíamos llegado a las semifinales. 

-Permaneció en el club desde octubre de 1984 hasta el verano de 1986. Con esos éxitos, ¿por qué se fue?
-Creo que con la madurez he ido adquirido cuajo. Pero entonces, con 37 años, no resistí la presión. Y la que había que soportar aquí era de envergadura. No estaba preparado para las críticas, y si le soy sincero tampoco las entendía del todo. Acabábamos de ganar la Copa, habíamos sido cuartos en la Liga, habíamos estado 14 partidos sin perder, que creo que sigue siendo el récord de triunfos del Real Zaragoza… Me dije: “Si me tratan así, si me critican con tanta ferocidad cuando las cosas van bien, cuando vayan mal, qué harán”. Pensé, además, que tenía, y tengo, una empresa con una cartera de clientes de más de 1.000 personas: si se decían aquellas cosas de mí, si era vapuleado así, al final acabaría por perderlas. No estaba a gusto y dimití.  

-De acuerdo. Lo que no deja de ser sorprendente es que luego escriba la historia del Real Zaragoza en dos volúmenes.
-En realidad, es un empeño que nació de ese periodo anterior. En una ocasión, se me acercó Ignacio Paricio y me dijo que se iba a cumplir el primer medio siglo de “Los alifantes”. Lo miré y le dije: “¿Quiénes son ‘Los alifantes’?”, el equipo de 1935-1936 que subió a Primera División. Yo no tenía ni idea. Llevado por mi desconocimiento, empecé a investigar. Tampoco había mucho. Casi a la vez que yo escribía mi libro, sin saberlo, Pedro Luis Ferrer y Javier Lafuente redactaban otro gran libro para Mira. 

-Recuerda usted en el prólogo la importancia de don Ignacio Paricio Frontiñán.
-El doctor fue indispensable. Me invitó a su casa y puso a mi disposición su estupendo archivo fotográfico sobre el Real Zaragoza y la prodigiosa memoria que tenía. Me contaba mil y una anécdotas. Eso me permitió estudiar y conocer bien los orígenes del fútbol y del Real Zaragoza: el Iberia, el primer Zaragoza. Él, que tenía una espléndida colección de fotos, me contagió el cariño a la historia del club. Luego, siempre recordaré una comida con “los alifantes” que quedaban: Lerín, Juanito Ruiz, Inchausti, Municha, Pelayo. Vivían la historia del club como si estuvieran en 1935 o 1936. Se emocionaban, lloraban. También he conocido al doctor Alvira, el capitán y extremo derecho del equipo fundado en 1921, el Zaragoza F.C. Y conocí en San Sebastián al capitán del Zaragoza “tomate”, Román Unanúe. Todo ese mundo debe consolidarse en la Fundación Real Zaragoza. 

-¿Por qué?
-Es un tema decisivo, al que Eduardo Bandrés y Agapito Iglesias le han hincado el diente. La Fundación defenderá esos valores eternos del club: la memoria histórica, los colores, el escudo, la proyección social, los carnés, los socios. Todo eso. Por una parte, por decirlo así, va el equipo profesional, y por otra todo esto, que es nuestro pasado y nuestro patrimonio. Además, por poner un ejemplo, se ahorra mucho dinero: mediante la ley de Mecenazgo, si el equipo invierte 6 millones de euros en apoyar las categorías inferiores y el fútbol modesto, tendría una exención fiscal de 1.5. Es muy importante: aquí nos jugamos el futuro, la proyección del equipo que celebra en 2007 su 75 aniversario. 

-¿Cuál es la importancia del fútbol y del Real Zaragoza?

-No recuerdo ahora quién dijo aquello de que el fútbol era la cosa más importante de las cosas menos importantes. Lo suscribo. La importancia del Real Zaragoza está ahí: tendríamos que movernos entre la tercera y la sexta plazas. Siempre. Al menos eso es lo que deseo.

*Ángel Aznar es expresidente del Real Zaragoza y, junto a Pedro Luis Ferrer, uno de sus grandes estudiosos, uno de sus mayores apasionados. Esta entrevista se publicó en la sección "Clásicos y modernos" de "Heraldo domingo". En la foto, el equipo zaragocista que ganó la Copa del Rey, ante  el F.C. Barcelona. El equipo está formado por: Casuco, Juliá, García Cortes, Juan Carlos, Cedrún y Herrera. Acuclillados: Pinilla, Güerri, Rubén Sosa, Señor y Pardeza.   

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2 comentarios

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