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75 años del Real Zaragoza

ELZARAGOZA GANA EN EL ALCORAZ

El Real Zaragoza venció al Huesca en el campo del Alcoraz por 1-4. Golearon por partida doble, en el bando zaragocista, Sergio García y Ricardo Oliveira. Por el Huesca, marcó de un gran zurdazo Rodri. Víctor arrancó con un equipo de circunstancias. Poco novedoso. César; Chus Herrero, Pavón, Sergio Fernández, Cuartero; Zapater, Celades, Movilla, Longás; Oscar y Sergio García. De partida, el Zaragoza no jugó demasiado bien, se adelantó en el marcador en jugada individual de Sergio García, igualó el Huesca, que pasó a adueñarse de la iniciativa, y sorprendió de nuevo Sergio. Los blanquillos, que estrenaban camiseta de “Los Alifantes”, no daban muestras de dominio: siempre es vistoso Longás, que ensaya buenos pases, que se arriesga en el regate, que es  dinámico e imaginativo, aunque manda algunos balones innecesarios atrás que tiembla el misterio; Zapater, Celades y Movilla andaban erráticos en la zona ancha, y Oscar hizo una buena jugada, pero también jugó a ráfagas. El mejor del equipo en este primer tiempo, hecha la incuestionable salvedad del doble goleador, quizá fuese Pavón, que dio seguridad, salida al balón, sosiego. Y se acreditó como un buen central: sobrio, seguro, con sentido de la posición, algo que ratificó luego. En la segunda parte, entraron Matuzalem, Ricardo Oliveira, D’Alessandro, Generelo y Gabi. Matuzalem recuerda mucho a Nayim, por aspecto físico y por manera de tocar el balón, por finura y depurada técnica, aunque entró poco en juego. Da la sensación de que su auténtico puesto es de enlace. D’Alessandro hilvanó maravillosos momentos, como el segundo gol de Oliveira. Gabi trabaja a destajo, es duro, roba balones, y da la sensación de que se halla más cómodo en el centro de la zona ancha. Oliveira no es una novedad para nadie: trabaja, es explosivo, dispara con potencia y posee olfato de gol. Este primer choque ofreció algunos detalles muy positivos en la segunda parte: la intensidad de Gabi, la sed de gol de Oliveira, las ganas de jugar y convencer que tiene D’Alessandro, el barniz de calidad de Matuzalem. Generelo, para mi gusto, sigue un poco tímido: seguro, sobrio, se quita el balón demasiado pronto de los pies y juega demasiado rezagado, lejos de esa zona donde ensaya su espléndido disparo.  

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