Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2007.

02/08/2007

UNA FOTO DEL REAL ZARAGOZA DE LOS 80

20070802111907-real-20zaragoza-200707.jpg

Una formación de los años 80: Barbas, Casuco, Vitaller, Morgado, Zayas y Herrera. Abajo: Latapia, Amarilla, Señor, Güerri y Valdano.

 

La foto, firmada por los jugadores y realizada por Antonio Calvo Pedrós, me la ha enviado el amigo de Calamocha Jesús Lechón, que veranea  estos días en  los mares del Levante. Gracias, Jesús.

02/08/2007 11:19 Autor: 75 años del Real Zaragoza. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

13/08/2007

EL BLOG DE LOS BLOGS ZARAGOCISTAS

20070813011409-aimar-20-20zaragoza.jpg

Los blogs en torno al Real Zaragoza abundan en los últimos meses, y me parece algo maravilloso. Es una prueba más del inmenso cariño que suscita el equipo. El Real Zaragoza es un equipo del corazón, un equipo del pueblo. Encarna la pasión por el buen juego. Por ello, entre otras novedades, aparece ahora un blog que quiere ser el blog de los blogs zaragocistas. La idea es realmente espléndida, y aquí enlazo su página: planetazaragocista.blogspot.com., al que se le añade ahora la página citada: blogsrealzaragoza.blogspot.com.

*La foto es de Aimar el día de su presentación.

18/08/2007

MANUEL TORRES, EL EXPRESO DEL ATARDECER

En el Real Zaragoza de los años 50 triunfaban Parés, Serer, Baila y Chaves arriba; Estiragués, apodado El Sordo, y Villegas dominaban en la zona ancha; Perico Lasheras en la portería: el madrileño rivalizaba con Enrique Yarza, que se haría imprescindible e insustituible en la década siguiente. Y destacaba un defensa turolense que procedía del Manchego de Ciudad Real, codiciado por varios equipos: Manuel Torres, rápido, arriesgado, técnico, que pronto sería considerado como El expreso de la banda.        

Torres ingresó en el club en la campaña 1953/1954, y con él llegaron al viejo campo de Torrero --donde se libraron batallas heroicas en una superficie de grava con perfecto drenaje--, Yarza, Bernad y Castañer; con ellos, y con el citado Lasheras que recaló un año más tarde, iba a formar la primera defensa mítica de los 50. El rendimiento de Torres fue convincente y pronto se hizo con el puesto en una durísima Segunda División dominada por los equipos vascos: Alavés, Baracaldo o Eibar. Balmanya, Eguiluz y luego Mundo confiaron de inmediato en sus condiciones.
        
En la campaña siguiente, se incorporó Alustiza y el equipo logró la tercera plaza, a puntos iguales con el Oviedo. En la pelea por el ascenso, en una áspera liguilla de seis equipos, los blanquillos quedaron en la penúltima posición. Nadie hizo sombra a Torres en su parcela: se reveló como un lateral de largo recorrido, pundonoroso y audaz, dotado de técnica, que jugaba con idéntica calidad hacia arriba que hacia abajo. El gallego Avelino Chaves deslumbró en Torrero: marcó 24 tantos, nada menos, y sembró la certeza de que el club contaba con un portentoso delantero de gran porvenir, que se quebró de golpe en el viejo Torrero cuando recibió un impacto que le hizo crujir la pierna: muchos seguidores aún recuerdan el golpe, el eco de los huesos astillados, el vuelo del gran delantero. Aquellos eran los tiempos en que Piru Gaínza, el gamo de Dublín, desarbolaba a los defensores con sus regates, su velocidad imparable y la furia, aunque tardaría algún tiempo en enfrentarse a Torres. En la nueva temporada, 55 /56 el Zaragoza logró su sueño de ascenso: esta vez sí los pupilos de Mundo consiguieron quedar segundos en la liguilla tras el España Industrial. 
        

En 1957, ante la lesión del lateral Atienza, que también había pertenecido al Zaragoza, el Real Madrid solicitó la cesión de Manuel Torres. Para entonces, en septiembre, ya se había inaugurado el Estadio de la Romareda con un apasionante partido frente al Osasuna. Y el turolense se vio llamado a vivir cinco meses de felicidad irrepetible en Chamartín: allí coincidió con Alonso, Marquitos, Lesmes, Muñoz, Zárraga, Kopa, Rial, Di Stefano o Gento, entre otros; con La galerna del Cantábrico (recogemos la anécdota del estupendo libro de Javier Lafuente y Pedro Luis Ferrer) tuvo tiempo de comentar aquellos severos pero limpios marcajes que le hacía y que solían desarmar su juego.
        

Jamás desentonó entre figuras y acarició la internacionalidad. Se supo querido, respetado y demostró que era un defensa moderno, tal como entendemos hoy este concepto: un carrilero capaz de recorrerse metros y metros, capaz de desbordar y de largar un centro con exactitud y galanía. Arropado por las estrellas, y por su amor propio, Torres consiguió lo que jamás se le había pasado por la cabeza: la Copa de Campeón de Europa en París ante la Fiorentina y la Copa Latina. En una conversación con Carlos Cebrián para el libro Zaragoza desde la nostalgia (2000), recuerda el defensa: "Practicábamos un fútbol al primer toque, con estrellas de la talla de Kopa, Marquitos, Di Stéfano, etc., que jamás se quedaron estáticos esperando a que les llegase el balón. Ellos bajaban a la defensa, si hacía falta, para llevar la pelota al área y ese espíritu de colaboración incrementaba, a mi juicio, su grandeza". Encajó a la perfección en aquel equipo de estrellas, pero hubo de volver a La Romareda para reiniciar una carrera cuajada de profesionalidad y entrega, y fue uno de los integrantes de aquel buen conjunto de transición que desembocaría en Los cinco magníficos.
        

La prueba de ello fue que ingresaron en el club jugadores como el central Rodolfo, Joaquín Murillo, Reija, Carlos Lapetra y Marcelino. Torres asumió su responsabilidad hasta el fin, y realizó marcajes magistrales a exteriores de una calidad contrastada como Enrique Collar, Gento, Gaínza o Juanito Arzá, entre otros. Torres se define así: "Era muy técnico, tenía una gran resistencia física porque me cuidada muy bien. Era muy nervioso y jugaba con las dos piernas, aunque la derecha era la mejor, la más fuerte y con la que alcanzaba una mayor precisión. No obstante me esforcé mucho para sacarle el máximo rendimiento a la izquierda y creo que lo logré". Abandonó algo pronto el balompié: en la temporada 61/62, a los 29 años y con un centenar de partidos en Primera División, tras haber sido capitán, anunció su retirada. Benítez, Cortizo e Irusquieta fueron sus recambios naturales, pero ninguno de ellos pudo superar su trayectoria personal a lo largo de ocho temporadas. Aún le cupo el honor de atisbar la inmensa clase que atesoraba Carlos Lapetra y sugirió, junto al rejuvenecido extremo Miguel, la necesidad de otorgarle la camisola del once.
        

Seguramente hasta la llegada de Alberto Belsué, defensa con proyección atacante e internacional en numerosas ocasiones, Manuel Torres encarna al mejor lateral con que ha contado el Real Zaragoza: el hombre laborioso y responsable que convertía su banda en una pista de carreras de velocidad. Él era el gamo veloz, el expreso del atardecer.

18/08/2007 19:54 Autor: 75 años del Real Zaragoza. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

26/08/2007

REBAJAS DE AGOSTO. Por Alfonso Hernández

[No pude ver ayer el partido del Real Zaragoza. Lo seguí atentamente por la radio, pero no puedo hacer la crónica. Visito algunas páginas y me gusta mucho esta nota ponderada de ese gran cronista que es Alfonso Hernández, jefe de deportes de “El Periódico de Aragón”. He visitado los comentarios y compruebo que ya se extiende el pesimismo.] 

MURCIA 2 – REAL ZARAGOZA 1 

CRÓNICA DEL REAL ZARAGOZA DE “EL PERIÓDICO DE ARAGÓN” 

www.elperiodicodearaon.com 

Por ALFONSO HERNÁNDEZ 
El fútbol de agosto tiende a recostarse en la galbana propia de un mes vacacional. Pese a que la primera jornada de todo campeonato invita a la euforia de lo novedoso y enciende las ilusiones de la hinchada, el juego tiene mucho de chiringuito y tinto de verano porque los protagonistas están desajustados física y tácticamente, sobre todo un Real Zaragoza que aún tiene a la mayoría de sus genios engrasándose en el laboratorio, espesos, muy lejos de sus verdaderas prestaciones. Lo acusó escandalosamente en el estreno de la temporada en la Nueva Condomina, donde un Murcia animoso y sostenido por el hacha templada y agresiva de un omnipresente Pablo García le puso contra las cuerdas y lo tumbó con dos soplidos.

La realidad es que el Real Zaragoza tiró la toalla con errores defensivos impropios de un conjunto al que se le supone con aspiraciones.
Hay luz en este equipo, pero mientras no se dé de alta caminará a oscuras por la competición, como ocurrió anoche durante gran parte de un encuentro en el que faltó velocidad en las piernas y la mínima agilidad mental. Horizontal y previsible por la escasa participación de Aimar y Matuzalem y la nula profundidad por los costados, un mal enquistado en la naturaleza de la plantilla, se fue descosiendo él mismo, desabrochándose en todas las líneas hasta ofrecerle al Murcia, más fresco y con más músculo, los códigos y la llave de la victoria.

UN DESTELLO MUY AISLADO Un maravilloso gol de Ricardo Oliveira que supuso el empate trasladó el partido a la igualdad después de que el conjunto de Lucas Alcaraz se hubiera adelantado. El espejismo fue precioso, aunque aislado, un tesoro que no encubrió la terrible realidad del Real Zaragoza, desnudo en defensa, sin abrigo por el centro, un lugar por el que anduvo la sombra de Ayala. El argentino lleva dos marchas menos que el resto de sus compañeros, y para un puesto de elevada responsabilidad ese insuficiencia física es letal por mucha experiencia que se acredite en el carnet. En el primer gol de Murcia, un pelotazo de Pablo García que buscó el lío de los altos en el área, Ayala y Sergio Fernández se ausentaron, provocando un aclarado que aprovechó Mejía para marcar con la coronilla. Un fallo imperdonable, colegial.

Oliveira se inventó una obra de arte para reanimar a un Zaragoza de trote cansino, plomizo, con los cuatro centrocampistas desenchufados en la llegada y en el repliegue. Resultó que le pelota le cayó en los pies de espaldas a la portería, y el brasileño se orientó con ella de cara a Notario. Había tres defensas ante el punta, pero los hipnotizó en la media luna para golpear después con un giro de tobillo que dibujó un arco imposible para Notario y para cualquiera. El delantero se reivindicó como una de las armas más poderosas del Real Zaragoza en el único detalle del encuentro que merece ser recordado. El resto fue un progresivo descenso a los infiernos, consentido por un equipo verde, tierno, sin alegría ni recursos. Hay luz, sí, pero más vale que los jugadores se pongan las pilas cuanto antes para evitar al menos imágenes tan pobres como la ofrecida ayer.

El Murcia se dejó llevar. Vieron que su adversario no podía y esperaron su oportunidad, que se presentó en un error de Zapater al borde del área: no despejó el balón como merecía la jugada y la situación de riesgo y se resbaló para que entre Pablo García y Baiano aprovecharan semejante regalo. El canterano, hombre proclive al análisis personal hasta la extenuación, dará vueltas a ese error una buena temporada. El Real Zaragoza también. Después vino el típico tiempo para el manicomio, un abismo que se tragó a Matuzalem por entrar a destiempo a Regueiro. Con diez, Diego y Oliveira en ataque y un desequilibrio brutal en el sistema, lo mejor fue el resultado.



Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras, y Evento Blog España. Vota en los Premios Bitacoras.com [Blog Oficial en LaInformacion.com]